20 de març 2017

Olvidando



El martes olvidé la palabra corteza. Hoy, jueves, queriendo recuperarla en parte, me acerqué a un árbol de la calle, toqué su superficie rugosa, sentí su piel áspera, quise encontrarla. Fue inútil, como inútil les parece a algunos la búsqueda.
No hablo de la búsqueda concreta, ni de una buena búsqueda, ni grande, ni pequeña. Quiero buscar, quiero ser buscadora, las búsquedas me parecen hermosas, placenteras, sensuales, listas, cercanas.
Cuantas cosas he olvidado, no recuerdo que día de la semana era aquel en el que perdí el sentido de la medida, la que nos sirve para medir a los demás. Cuando hacia semanas que ya no lo usaba me di cuenta que no lo recordaba y que no lo echaba de menos.
Era sábado cuando inicié otra búsqueda, no lograba encontrar el verbo escuchar, el autentico, no aquel que nos permite hurgar en nuestros pensamientos mientras nuestra mejor amiga nos cuenta lo mal que ha pasado la semana en el trabajo.
Durante la semana siguiente a ese sábado, empecé a remover cajas y cajones. Desde el lunes hasta el domingo no deje de buscar recuerdos, fotos, pulseras, libros infantiles. Encontré un montón de palabras olvidadas, enredadas en los objetos de mi periplo vital.
La noche del miércoles me quede colgada con una idea que recuperé una tarde de jueves, la de la negatividad y los pensamientos negativos y decidí hacer una búsqueda exhaustiva de lo que significan. Por supuesto esa fue una búsqueda informatizada, todas las horas libres de los dos días siguientes se me perdieron en las redes sin obtener frutos, ni jugosos ni secos.
Cuando logré dejar atrás la perdida de tiempo decidí que pensaría en los olvidos, empecé haciendo una lista de todo lo que había eludido, silenciado, arrinconado en el pasado. Encontré lagunas enormes llenas de motivos, palabras, actos, paseos, libros, canciones, viajes. Me abrumé, la lista ocupaba páginas, páginas y más páginas.
Hoy es lunes y vuelvo a empezar, frente a la pantalla inicio mi nueva búsqueda. Pasan las horas y páginas, páginas y más páginas se llenan de palabras encontradas, de versos escritos, de acciones cotidianas, imágenes, colores, guardo el documento de 9,4 MB. Suspiro, lleno de aire mis pulmones y ellos me lo agradecen.

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